La infidelidad ha existido desde que existen las parejas como tal. Exclamaciones tan clásicas como: - “¡pero amor no es lo que parece!” y similares, han estado en boca de infieles desde siempre. Las formas como se cubren las infidelidades han ido cambiando según las modas. En los 70 podrían acomodarse tranquilamente en la estructura (o desestructura) filosófica de las relaciones abiertas. Anteriormente, en las sociedades patriarcales, las infidelidades masculinas se amparaban en teorías muy gracias con rasgos supuestamente biologistas que afirmaban que “el hombre es infiel por naturaleza”.
La lectura de este aserto sería entonces que, el hombre es superior y civilizado en todo lo demás, pero en el sexo continúa siendo inferior a un primate, ya que no es capaz de controlar su instinto sexual. En la actualidad o mejor dicho, en nuestros días, la infidelidad sigue existiendo, a pesar de la disponibilidad de una nueva ley en nuestro país que admite divorcios express, de la vida mimada y entretenida que disfrutan los divorciados con posibilidades múltiples de “rehacer sus vidas”, de los diversos grados de compromiso existente además de la posibilidad de formar parejas monogámicas sucesivas.
La única verdad es que, las cifras de infidelidad no solo han llegado a igualar a hombres y mujeres, sino que han experimentado un incremento importante en lo referente a estas últimas, todo ello facilitado enormemente por los contactos a través de Internet y la masiva respuesta femenina ocupando plazas laborales que les otorga una gran independencia económica y emocional.
Algunos datos estadísticos (de lectura obligatoria para escribir este post) indican que a pesar de la gran tolerancia y apertura que mostramos en los aspectos relacionados con el sexo y la pareja, no pensamos de igual modo con la infidelidad. Los latinos llevamos mal la infidelidad, pero hay que decir que los compromisos también han dejado de ser para toda la vida, por lo cual es más viable ser fiel y monógamo en relaciones sucesivas. Extraño juego de palabras que se perfila como una novedosa teoría y de la que me precio haber sido parte en los últimos años. Si existe algo constante en nuestra sociedad es la presencia del cambio. La vida actual es un aprendizaje intensivo de supervivencia ante lo no permanente. Se otorga entonces, más valor a la capacidad de adaptación a los cambios que a la persistencia y la constancia de las relaciones. En el caso de la fidelidad en la pareja de nuestros tiempos, nos consta que sigue siendo un valor importante para los jóvenes cuando forman pareja. No obstante, lo que sí ha cambiado es la concepción de fidelidad para toda la vida.
Actualmente, el compromiso de pareja puede ser establecido más libremente por sus componentes. El sentirse comprometido en pareja aporta fidelidad y exclusividad sexual mientras dure el amor. La fidelidad dentro del compromiso se entiende como lealtad y confianza y sirve como marco para crecer en pareja. Ya no se trata de una norma externa basada en la obligatoriedad. El compromiso es un voto privado que conlleva la decisión de estar con una persona en concreto, alimentar el amor constantemente en los buenos y los malos momentos y el empeño que conlleva el invertir en la empresa. La fidelidad se entiende más como una decisión libre de las dos personas y está ligada a la duración del amor.
Algunos casos revisados en literatura y no se asuste amable lector si encuentra su casuística completita reflejada en una ó varias de las categorías:
El psiquiatra Frank Pittman, autor de un gran libro como lo es “Private Lies” (Mentiras Privadas) afirma que existen diversas categorías de infidelidad. Una de ellas sería la infidelidad accidental que podría afectar tanto a hombres como mujeres. Pero advierte que hay personas más dispuestas que otras a cometerla: los que beben o toman drogas, los que viajan, los que son fáciles de convencer, los que no se sienten muy comprometidos con su pareja, los que tienen amigos que flirtean y ligan, y los que no rechazan los desafíos.
Después de una infidelidad accidental, el infiel puede optar por estos razonamientos:
• Pensar que el desliz ha sido una estupidez, confesándolo o no, pero decidir tomar precauciones para que no vuelva a suceder.
• Darse cuenta de que cayó un rayo y no lo ha tocado, pensar que podría transformarse en un hobby placentero, fácil y sin consecuencias, y seguir haciéndolo. (Acá encajan varios conocidos míos). • Creer que no lo hubiera hecho si estuviera con la persona adecuada, pensar que eso iba a pasar un día u otro, y enamorarse del extraño de la cama.
Las infidelidades románticas conducen a muchos divorcios, suicidios, homicidios, ataques cardíacos y cerebrales y a pocas relaciones con éxito ocurriendo casi siempre en momentos críticos como la muerte de los padres, cuando los hijos se van de casa, cuando surgen problemas de salud o adicción, un problema laboral o cuando nace el primer hijo. Es decir, en momentos en que se requiere madurar para afrontar una adversidad.
Suele suceder en relaciones no problemáticas y menos en las que sí lo son. Hombres y mujeres pueden enamorarse de ese modo, pero los hombres suelen ser muchísimo menos cautos é inteligentes que ellas.
La infidelidad del mujeriego.
La condición de mujeriego era más masculina que femenina en tiempos pasados pero ahora sabemos más y se sospecha que las mujeres nos están siguiendo los pasos (por decirlo de alguna manera).
Puede que les guste el sexo o no, pero proceden compulsivamente para afirmar su condición de macho y superar su temor a la homosexualidad y a las mujeres. Pueden ser crueles, abusivos e incluso violentos con las mujeres que ellos creen que los quieren dominar o poseer. Algunos pueden parecer encantadores y no tienen dificultades en encontrar mujeres deseosas de su trato machista. Viven intentando impresionarlas con la fuerza física, logros competitivos, dotes de seducción, control de las situaciones, poder, riqueza y si es necesario, violencia.
Piensan a menudo que su condición de hombre es su mejor atributo, protegiéndolo del poder femenino. Las mujeres ven a este tipo de hombre como un narcisista y un sociópata, aunque ellos se ven a sí mismo muy normales y conduciéndose como lo haría cualquier hombre. Los conceptos de fidelidad en pareja, de igualdad entre los sexos e intimidad entre hombre y mujer en la pareja no van con él.
Puede pasar por una etapa en la que es incapaz de sentir placer, dolor o cualquier otra emoción, hasta que vive con otra mujer algo tan intenso que le permite sentir otra vez. Quizá una actividad sexual fantástica o la posibilidad de hacer de “salvador” de la dama o bien la intriga y fascinación ante las oscilaciones emocionales de ella.
Gracias a la mujer, él puede salir brevemente de su depresión, para hundirse en el infierno en su ausencia. Se transforma en adicto a ella, aunque no es consciente de ese hecho. Sufre la abstinencia de la alegría, la vida y el amor de la mujer cuando está con su poca estimulante familia. No se plantea a la familia por ella, porque con seguridad llegará con el tiempo al mismo estado depresivo si está con ella todo el tiempo.
En un reciente artículo leído, un equipo de psicólogos aborda el tema de la infidelidad poniendo en cuestión ciertas ideas arraigadas en nuestra sociedad. El artículo sostiene que la mitología que rodea la infidelidad por medio de la prensa popular e incluso en el ámbito de las publicaciones de salud mental confunde a las personas y produce que algunas situaciones incluso puedan empeorar. Frases como: “Todo el mundo es infiel; ésta es una conducta normal y esperable en la pareja”, “El hombre es infiel por naturaleza”, “Gallina que come huevos….” Etc.
Leí en otro lado que no se sabe exactamente la cifra de infieles. Si las personas mienten a su pareja, ¿por qué no iban a mentir a los encuestadores? Se presume que la mitad de hombres casados y un tercio de las mujeres casadas han tenido un desliz por lo menos una vez.
No obstante, la mayoría de las personas suele ser fiel la mayor parte del tiempo. Cuando se inicia una relación sin la intención de ser fiel, la intimidad, entendida como confianza, complicidad y amistad, queda gravemente menoscabada e impedida de crecer y consolidarse.
Se dice que la infidelidad mantiene al hombre masculino y a la mujer femenina. Incluso algunos libros de autoayuda, aconsejan a la mujer que haga realidad sus fantasías sexuales como una manera de lograr la igualdad de derechos con los hombres.
Es cierto que una crisis por infidelidad puede hacer tambalear el matrimonio más frío. Cualquier crisis, no obstante, puede causar el mismo efecto destructor.
Aún a pesar de las teorías más utópicas, la realidad es que la infidelidad, sea furtiva o explícita, puede hacer de la pareja un infierno. En realidad, solo una pequeña cantidad de primeras parejas que acaban en divorcio lo hacen sin que alguno de los dos haya sido infiel, aún cuando esa infidelidad se haya mantenido en secreto hasta incluso años después del divorcio. Es la causa más frecuente de divorcio.
Eso es lo que se suele decir, pero al examinar la situación de un modo más riguroso en la terapia, se observa que la pareja no estaba destruida antes de la infidelidad y la afirmación de que no estaban enamorados suele ser resultado de un esfuerzo para explicar y justificar la infidelidad. Nadie desea ser el culpable de finiquitar la relación.
“Los infieles son personas muy sexuales”.
Las aventuras implican secretos. La infidelidad no es un acto puramente sexual, sino algo que supone deshonestidad a diferencia de las parejas abiertas o las que se intercambian abiertamente... ellas no son deshonestas y no están cometiendo una traición.
Esto es común entre nosotros lo digan o no sin embargo no es cierto… El pensar que cuando un hombre es infiel, es porque su mujer tiene deficiencias estéticas, sexuales o emocionales. Que le ha fallado de algún modo. También abundan las tesis feministas que justifican la infidelidad femenina porque los hombres las defraudan.
Es habitual pensar que la infidelidad es una reacción normal a una relación imperfecta y que la culpa es del engañado. No es extraño que este último hasta se sienta culpable porque el marido o la mujer se fue con otro. Todos los que sostienen esa opinión están aceptando que el infiel no asuma la responsabilidad de sus actos.
Otra táctica para evitar la culpa y la responsabilidad personal es inculpar al matrimonio o la pareja como institución o a alguna característica no modificable del compañero (por Ej: demasiado joven, demasiado inteligente, demasiado neurótico, de otra cultura o de otro nivel social, demasiado inexperto).
Estas tácticas no son eficaces porque un compañero puede hacer infeliz al otro, pero no puede hacerlo infiel. Un compromiso de pareja que incluye exclusividad sexual mientras perviva la relación implica un comportamiento apropiado con independencia de los sentimientos y aceptar la entera responsabilidad de los propios actos. Según una amiga mía, una persona que no puede controlar su conducta sexual, no debería andar suelta!
El silencio favorece la infidelidad. Las parejas en las que ocurre una infidelidad solo pueden recuperarse cuando el secreto sale a la luz y el infiel no tiene que esconderse más. Además esto puede servir para terminar con la aventura. Esto es una verdad absoluta pero sólo cuando el infiel tiene el total compromiso y a comprendido que lo importante en su vida es la familia y no antes de haber sido golpeado duramente. A quien no le dolió es bastante difícil que comprenda la magnitud y cambie.
Algo que sucede habitualmente es que los infieles suelen negarlo férreamente hasta el punto de crear tanta desorientación al engañado que éste pone en duda su salud mental antes que dudar del infiel. Al final, el hecho mismo de negarlo y mentir es normalmente el aspecto más imperdonable de la infidelidad. Algunos terapeutas nos dicen que las relaciones sobreviven mejor a una confesión voluntaria que al descubrimiento involuntario. Además, esto último tiene el agravante de que una aventura con un tercero puede poner en riesgo la salud del compañero.
Los expertos incluso aconsejan al infiel que cuando decida confesar lo haga de manera honesta y sincera pero que se abstenga de contar los detalles al milímetro ciertamente.
Imagino que es hora de ver como andamos cada uno cierto?... Y aunque como dije, aún no tengo autoridad moral para decir nada, sí sé que es posible (y esta va para nosotros los músicos) terminar de tocar, bajarse del escenario, tomarse el whisky doble del estribo con los amigos y enrumbar a casa corriendo a recibir el calor de esa mujer que nos espera...





